La Barcelona que pudo ser, pero no fue.

Introducción a Antoni Rovira i Trias

Profesionalmente fue concejal y diputado pero, sobre todo, arquitecto municipal y, además, creador del cuerpo de bomberos del consistorio.

Sin embargo, destaca su impresionante historial de edificios, entre los que se pueden señalar los mercados de la Barceloneta, del Born, de Sant Antoni, de la Concepció y de Hostafranchs. La lista es realmente larga y aún tendríamos que añadir, por ejemplo, la reforma y construcción parcial del Palacio Moja, el campanario de Gracia, el edificio neoclásico del Ayuntamiento de Igualada, el Matadero de Barcelona, la mejora de la mina de Montcada, la Fuente de las Tres Gracias en el Palacio Real, etc. En definitiva, un arquitecto clave.

Antoni Rovira i Trias fue una figura relevante en la Barcelona del siglo XIX. Gozó de gran popularidad dada su pasión por su ciudad natal. Originario del barrio de Gracia y bautizado en la catedral de Barcelona. Fue nombrado director general de derribo de las murallas de la ciudad (1843).

Posteriormente fue el ganador del concurso público del ensanche de Barcelona, con un proyecto al estilo contemporáneo Europeo del momento, con una disposición urbanística en una estructura radial respecto la antigua ciudad condal.

Historia del proyecto del Eixample

Hay que entender que a lo largo de la última mitad del siglo XIX, se estaban produciendo grandes avances, que poco a poco permitían un crecimiento demográfico progresivo de la sociedad. Aumentando la media de vida y el índice de supervivencia infantil. Este es uno de los principales motivos por los que se propone el proyecto.

Pero también es cierto que, Barcelona ya no era un fuerte militar y, además necesitaba higienizar las calles derribando las murallas, para empezar a oxigenar el espacio social contra la prevención de enfermedades contagiosas que acababan con muchas vidas.

Es por eso que el derribo de la muralla para oxigenar e higienizar la ciudad era tan necesario como ampliar y dar espacio a una sociedad que crecía y multiplicaba. Para haceros una idea, en la primera mitad del siglo XIX, Barcelona supero la duplicación de la población. Siendo en 1850 de un total de 150.000 personas aproximadamente.

Propuesta de concurso del Eixample

Desde el ayuntamiento se pidió como base del concurso estos términos: El plano, realizado a escala 1:5000, tenía que formarse enlazando la ciudad actual con las poblaciones vecinas de Sants, Les Corts, Sarriá, Sant Gervasi, Gracia, Horta, Sant Andreu del Palomar y Sant Martí de Provençals. Las calles debían proyectarse enlazando las principales vías de comunicación compatibilizándolas en todo momento con el ferrocarril y tenían que tener un ancho entre 30 y 60 metros o 12 y 30 según se tratase de paseos o calles simples respectivamente. Los edificios tenían que tener tanto espacio libre, patio, jardín u otros, como parte edificada y no podían tener más que 2 plantas.

Por aquellos momentos había un pulso entre el ministerio de Fomento que apostaba por Idelfons Cerdà y, entre el directorio Catalán que apostaba por Antoni Rovira i Trias (ambos conciudadanos catalanes).

Entre el arquitecto Municipal y el ingeniero Urbanista se disputaba la concesión de dicha obra.

Durante el proceso de elección de la candidatura final, como veníamos explicando, hubo mucho debate político, pero, finalmente se concedió a Idelfons Cerdá.

Proyecto de Antoni Rovira i Trias

Como estamos hablando de Antonio Rivera i Trias, no nos quedaremos aquí, sino que seguiremos los pasos de aquel que hubieran llevado a la ciudad a una nueva forma de movilidad y, frente a un planteamiento de entender la ciudad que hubiera cambiado la estructura urbanista que conocemos.

Ciertamente, hemos de comprender la mentalidad de un arquitecto que por el
entonces, tenía una trayectoria profesional en la ciudad con mucho prestigio. Y era heredero de la arquitectura ilustrada, pues se interesó por cuestiones técnicas e higiénicas aplicadas en la construcción. Para ganar luz y aire en sus proyectos.

Aprovechando la explosión industrial del metal y del vidrio que darían forma a muchas de sus obras, un poco premodernistas.

La propuesta inicial fue la de una malla circular que envolviendo la ciudad amurallada crecía radialmente, integrando de forma armónica los pueblos de los alrededores.

El diseño de una ciudad es obra del tiempo, más que un arquitecto.

Leónce Reynaud (un referente de Rovira)
Éste es el lema de su proyecto, en referencia a su apuesta urbanística.

Esta frase nos hace entender que el proyecto no era muy ambicioso, era preciso, medido, calculado y ordenado, pero a la vez abierto a las futuras necesidades y cambios de la ciudad. Que es lo que entendemos por la frase. Pero entrando en comparación con Cerdà. Éste fue más allá de las necesidades puntuales y, transformadoras del tiempo en la ciudad, e hizo una apuesta visionaria contemplando ya esas futuras necesidades adaptándola de antemano de una forma innovadora emprendedora lo que le llevo al éxito. Él no espera que el tiempo diseñe la ciudad, como en la frase de Antoni dice, sino que ya es conocedor a modo de profeta, de la gran propuesta que Barcelona le daría su singularidad, retomando su estructura y origen más romano a forma de cuadrícula. Y hay que decir que Antoni gozaba del apoyo social de Barcelona, que por otro lado Cerdà no obtuvo hasta décadas después.

El proyecto de Antoni se basaba en conservar el núcleo histórico como centro de la ciudad, ennobleciendo el centro histórico, en torno al cual se disponía una nueva red en forma de abanico.

Antoni recalcaba la plaza de Catalunya como centro urbanístico e histórico de la ciudad. Ya que por otro lado Cerda no lo planeo así.

Se disponía en dos grandes vías radiales, que unirían el casco antiguo con los cercanos núcleos de Sants y Gracia. Aún así las calles eran demasiado anchas y, se aconsejaba resolverlo, incrementando la superficie de las manzanas sin cambiar la economía del plano.

Finalmente Antoni se ciño mucho a las peticiones del concurso y trato de resolver el problema concreto para la presentación del proyecto.
Trato de cercar la máxima conectividad entre las diferentes partes de la ciudad, establecer una cierta jerarquía entre zonas y contemplar la ciudad como un objeto bien limitado y definido.

Rovira solucionaba la problemática concreta de Barcelona siguiendo estas corrientes, mediante el trazado radial de las vías principales, la localización de los edificios representativos y los lugares importantes y, el establecimiento de unos límites claros y concretos para la nueva ciudad.

Lo que parece ser que esto no ayudaba a favorecer una inter-clase social, sino que favorecía espacios mejores que otros abriendo la brecha entre nobles y humildes. Entre lo céntrico como importante y representativo y, lo más alejado del centro menos representativo e importante.

Venía a ser una representación del Ring de Viena que unos años antes puso en marcha este modelo de proyecto urbanístico, atendiendo a las mismas necesidades que tenía Barcelona en ese momento.

En resumen; su interesante proyecto se basó en el crecimiento natural de la ciudad, y no sobre especulaciones teóricas como las de Cerdà, que resultó favorecido.

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